Durante la crisis financiera del 2008, los gobiernos de todo el mundo tuvieron que intervenir para proporcionar rescates financieros para estabilizar el sistema financiero y evitar un colapso total. Estos rescates financieros tuvieron como objetivo proteger a las instituciones financieras de la quiebra y restaurar la confianza en el sistema financiero.
En Estados Unidos, el gobierno aprobó el Plan de Rescate Económico de Emergencia (Emergency Economic Stabilization Act) en octubre de 2008, que autorizó la creación de un fondo de rescate de 700.000 millones de dólares para comprar activos de préstamos en problemas de las instituciones financieras. El plan también incluyó medidas para mejorar la regulación financiera y proteger a los propietarios de viviendas en riesgo de perder sus hogares.
En Europa, los gobiernos también proporcionaron rescates financieros a las instituciones financieras en problemas, como el banco británico Northern Rock y el banco holandés Fortis. Además, se estableció un fondo de rescate europeo llamado Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (European Financial Stability Facility) en 2010 para proporcionar ayuda financiera a los países de la zona euro en crisis.
En general, los rescates financieros durante la crisis financiera del 2008 fueron controvertidos y suscitaron debates sobre si los gobiernos deberían intervenir en el mercado libre y si los bancos y otras instituciones financieras deberían ser responsables de sus propias acciones irresponsables.


